Otra de las películas que encaja con este modelo es Los puentes de Madison (1995). Cómo olvidarnos de Clint Eastwood bajo la lluvia. La imagen de la desolación. Y de nuevo es la esposa-madre obligada la que tiene que poner orden y cada cosa en su sitio. También ella. Porque qué gran escándalo social supondría romper con las reglas establecidas.
Y así se comporta en esta película, Angel (1937, Ernst Lubitsch), finalmente la grandiosa Marlene Dietrich. Después de toda una película dejándose querer por la cámara, ocultándose de ella, conquistando con su mirada... (méritos que en gran parte son del director). Después de ser objeto de deseo y a la vez amante esposa, también hace su elección.
Pero el valor de esta obra no reside en lo que cuenta, sino en cómo lo cuenta. El esfuerzo que exige del espectador que se pregunta frecuentemente ¿pero qué está pasando? Escenas geniales son las de los sirvientes en todas las situaciones. Los equívocos, los secretos y los planos fuera de campo son constantes y van construyendo la historia. Es una película que merece ser revisada muchas veces para entender la manera en la que Lubitsch construye esta trama que acaba con un final agridulce.
M.C.R.
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